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antonio guerrero

Mi estancia en el Centro de Transito Federal de Oklahoma fue larga. Dieciocho días, aislado, en una celda del llamado “hueco”, días que parecieron una eternidad.
Con algo de papel y diminutos lapicitos, fui escribiendo el diario de estas jornadas, así como un grupo de cartas personales y muy especiales, nacidas en esa soledad, donde, parafraseando versos de Juan Ramón Jiménez, diría: “Tú eres dios de tu pecho, tú eres solo Universo, tú eres uno en tu centro”.
Sólo una parte de ese diario y una de las nueve cartas escritas llegaron a su destino. Me dolió muchísimo que esto pasara, y recurrí a la poesía para revivir las vivencias de aquel aislamiento y, de alguna forma, reponer la irreparable pérdida. Del 3 al 16 de marzo, ya en Florence, nacieron estos poemas, a modo de diario, los que sugiero se lean como un solo poema (como se dice han de leerse los famosos Sonetos de Shakespeare, claro que salvando la gran diferencia entre esa obra clásica y esta modesta creación). Para este poemario decidí escribir versos decasílabos con una rima libre, en la cantidad de versos del soneto. No es mi objetivo la búsqueda de belleza rítmica o de perfección de estrofa, mucho menos crear algo novedoso.
Sólo pretendo llevar al lector hasta los rincones de mi alma por aquellos días de injusto y total aislamiento, aunque también, como dijera Darío: “mi protesta queda escrita” contra el trato y contra la inusual perdida.


Antonio Guerrero


Martes, 26 de enero de 2010


Sucede que la injusticia sigue.

Sucede que llevo caja negra.

Sucede que soy yo quien lo dice.

Sucede que quisiera que me creas.

Sucede que vuelo sin temores.

Sucede que sacudo mis venas.

Sucede que dos soles se cruzan.

Sucede que oscurecen las piedras.

Sucede que el olor no es de campos.

Sucede que mi hora tiene dueño.

Sucede que se unen las paredes.

Sucede que un hermano sonríe.

Sucede que me nace en el pecho

una serenidad y sucede.


Miércoles, 27 de enero de 2010


Cuando cierran la puerta de hierro

silbadores vientos de huracán

encima se me echan y me apagan

el candil, parpadeando en mis manos.

La celda se vuelve una laguna

en la que yacen palomas muertas

y por mi trepa su olor a espanto

como si las sombras me embistieran.

Con mi inofensivo corazón

desgarro el silencio congelado,

adelgazo ausencias prolongadas

hasta que la larga noche pasa

y todas las tinieblas se esfuman

envueltas en la luz matutina.


Jueves, 28 de enero de 2010


Este origen de día sin rumbo

que sujeto al viento de la vida

sobre mi esparce luz de aurora

nunca es perdida, sino ganancia.

Esta sucesión de atardeceres

sin fragancias ni ecos ni colores

que fija mi sustancia imperfecta

nunca es perdida, sino ganancia.

Este tiempo cargado de pausas

que no deja mi amor madure,

crepúsculo en un paraje oscuro

como una vereda interminable

entre sombras que crecen y tiemblan,

nunca es perdida, sino ganancia.


Viernes, 29 de enero de 2010


Anocheció mientras leía un libro

(el que pudo llegar a mis manos)

cuyo argumento vacuo y siniestro

apenas para mí tuvo sentido.

Pensé en los grandes escritores

capaces de recoger la luz

y toda la belleza del mundo

en paginas imperecederas.

Cerré el libro y cerré mis ojos,

en ese instante me vi rodeado

de un resplandor de sol y de luna,

de amor y de paz, y comprendí:

lo que buscamos en muchos libros

lo atesoramos dentro del alma.


Sábado, 30 de enero de 2010


Soy dichoso por este aislamiento

donde a mis anchas holgazaneo

mientras contemplo mi alma vagar

por la lejanía hasta perderla.

Soy dichoso por este silencio

cuando puedo escucharme a mi mismo

sin que nada me turbe de afuera,

sin que el tiempo me busque y me encuentre.

Soy dichoso así, ni más ni menos,

sin pensar en ello, respirando

los átomos que nos entremezclan,

metido en el corazón de un ser

dueño de un aliento incalculable,

esparciéndose por el espacio.


Domingo, 31 de enero de 2010


Que no me dejen mirar la luna

ni el árbol seco del lento invierno,

que me prohíban prender el fuego,

jugar al sueño con la ceniza,

no significa que esta perdido

ese amor puro que con mis ojos

y con mis manos forjo y forje

para otros ojos, para otras manos.

El amor que expira no es amor.

El verdadero amor pertenece

a todo el tiempo, a la tierra toda,

sin temor enfrenta tempestades,

resiste hasta el filo de la muerte

y, como la natura, es eterno.


Lunes, 1 de febrero de 2010


Dije no a la quietud mohosa.

Me paré sobre el suelo desnudo,

di el primer paso, luego el segundo,

poco a poco me volvía lluvia.

Al inicio, fue el escepticismo

y después vino la dependencia.

Más adelante apareció la antítesis

y con ella el desenvolvimiento.

Comencé a girar por las horas

con espíritu y ritmo que impelen

y a través del éter se deslizan.

Cercado por un tedio sin tregua,

en la plaza de mi corazón

me vi feliz, cantando y bailando.


Martes, 2 de febrero de 2010


Noche seductora que me llamas

desde los abismos del silencio.

!Ah, noche magnánima y magnética,

novia del ocio aun inviolada!.

Noche errante, hechicera de ojos

que tienen el color del alcoiris.

Noche loca, llena de blancura

para al afán añadir insomnio.

Noche desnuda sobre la tierra,

antes de ir a otra orilla sin nombre

abrázame, mírame y permíteme

tocar tu cuerpo para sentir

el oleaje de queridas playas

tan ocultas en la oscuridad.


Miércoles, 3 de febrero de 2010


La muchacha que da las pastillas

a los adictos a los calmantes

tiene cara de ángel, me recuerda

a una novia de tiempos pasados.

Ella cada noche hace una ronda,

con su voz va rompiendo el silencio

y yo abandono lo que hago entonces

para verla pasar, un instante.

Ella nunca me mira a los ojos

en los que muy escondidos guardo

tantos rostros de edades y mundos,

tantas noches de estrellas sin nombre,

tantas rachas de idas y venidas...,

la muchacha que da las pastillas.


Jueves, 4 de febrero de 2010


Vivencias y vocablos buscando

respuestas a la nada y al suceso,

vienen al recinto del presente

como las abejas al panal.

El batir de sus alas inunda

el aire de trepidantes llamas

y una cristalina miel envuelve

el eco de la palabra amor.

Con apasionada sed de luz,

de aromas, de voces y de formas,

tras lo invisible se me va el alma

y sólo ve la faz de un ayer

girando hasta que desaparece

en lentas espirales de humo.


Viernes, 5 de febrero de 2010


El silencio es verde, de improviso,

mi corazón fértil, lentamente

habituado a cosas naturales,

viste de hojas verdes del deseo.

Recuerdos del bosque y de la lluvia

emergen con su aliento escondido

y siento otra vez en mi garganta

un ardor de jazmines y sangre.

Sin parar, mi corazón evoca

miradas fieles al amor puro,

besos al abrazo de la noche,

caricias que dieron paz al alma.

Pero, por dónde andarán sus ojos,

sus labios, sus suaves manos puras?


Sábado, 6 de febrero de 2010


Mujer, rompes en mi pensamiento

como los oleajes en las playas;

entras de repente en mis arenas,

luego al mar regresas otra vez.

Así eres tu, marejada indócil,

vaivén incesante de las aguas

donde se ahoga mi corazón

contando tu cuerpo ola a ola.

Ya conoces que regresare,

sin embargo, no sabes tu nombre

ni sabes que recuerdo tus besos.

Tal vez, un día cuando tu piel

destruya este castillo de ausencias

te abriré la trama de mis versos.


Domingo, 7 de febrero de 2010


Hoy he escrito a varias amistades,

a ninguna le narro el rosario

de vicisitudes que he pasado

(más que las que todos imaginan).

En mis líneas les hago saber

que esta celda, sin nada y sin nadie,

para mí es un lugar de retiro

donde me libro de mis cadenas.

Como otros de mi vida, este hueco,

sin prisa lo relleno de luz

para que de su oquedad aflore

el resplandor que a mi corazón

convierte en surtidor del amor,

de este amor con que a todos escribo.


Lunes, 8 de febrero de 2010


Anoche, cuando un hosco silencio

como el manto de la oscuridad

me cubría, y la incertidumbre

de crudas nevascas me embriagaba,

el amor provoco un ramalazo

en las fibras de mi corazón,

punzadas de perpetuas ausencias.

Por un buen tiempo estuve despierto.

Anoche, frente a la soledad

resonante de ayeres me dije:

Todos los desvelos de mi vida

han desbrozado esta larga senda

por donde los peligros de muerte

no han podido malograr la luz.


Martes, 9 de febrero de 2010


En mi soledad digo tu nombre

y sus letras son un sol naciente

entre las nubes de la alborada

donde con lumbre se abren las flores.

Al andar lo digo en las esquinas

que forja y deshace el pensamiento

y en mi soliloquio con tu nombre

ni luces ni sombras distingo.

Lo digo sin que nadie me escuche

en una voz de intima emoción

que apenas hiere el aire y el silencio.

A las preguntas del firmamento

respondo, levantando la vista

hasta la eternidad de tu nombre.


Miércoles, 10 de febrero de 2010


Seguro, en medio del temporal,

me imagino andando por el mundo

como si caminaran conmigo

hombro a hombro brazos invencibles.

Pasaran con sus alas oscuras

otras tantas gélidas noches

sin poder aniquilar la aurora

del día final de la injusticia.

Hermanos y hermanas de la lucha

solidaria que se multiplica

cual las hojas en la primavera:

¡Ustedes nos darán la victoria,

ustedes estarán con nosotros

en la gran jornada del regreso!


Jueves, 11 de febrero de 2010


Desde mi niñez de hogar y escuela,

en mi juventud de sitio en sitio,

toda mi vida, y hasta en mis sueños,

tú has habitado en mi corazón.

Isla de soles que a todos brindas

palmas y playas, aves y frutos,

aquel verano abrasador que amo,

aquel árbol libre en la campiña,

dispuesta a diario a cuidar la flor

indispensable de la esperanza

en mí tu alientas siempre la paz.

Tu amor me impulsa, tu amor me colma

de luz, ¡oh, patria!, vendrá el regreso

y el beso tuyo que nos espera.


Viernes, 12 de febrero de 2010


Cruzando el corazón del azul

insondable, confuso de rutas,

mas, acompañado de esperanzas

insignificantes pero ciertas,

miro la callada geografía

sumergida en un fulgor de nieve,

territorio de lo indefinido,

espejismos de la libertad.

Hay cansancio, pero no me rindo.

Hay cortaduras, pero no sangro.

Tanta fatiga, tantos dolores

calmo con el amor de mis sueños

hecho de una materia invencible

que no reconocen los guardianes.

Antonio Guerrero

Florence, 2010

Editorial Vigía, Ciudad de Matanzas, 2010

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